PROHIBIDO PISAR EL CÉSPED

Durante los paseos del periodo de cuarentena, me he dedicado a recorrer las calles de Carabanchel en busca de oasis de tierra que se abren en el asfalto y sobre los que, en ocasiones, la naturaleza se abre paso y comienzan a crecer pequeñas plantas. 

La tierra ha sido históricamente el primer medio de producción y la más primitiva fuente de recursos. Este medio pasó de explotarse originariamente de forma comunal, a dividirse y privatizarse en el proceso de acumulación primitiva. Por lo tanto, la tierra pasa de ser un bien compartido a un bien codiciado que se expropia, privatiza y desnaturaliza. El hombre se separa cada vez más de la naturaleza que le sustenta y entra en una lucha por la misma. Pero ahora, en forma de propiedad.

 

En busca de una reflexión sobre nuestra relación con el medio natural en el entorno urbano, se ha realizado esta intervención performativa en la que se delimitan una serie de lugares potencialmente fértiles que fueron sepultados por el asfalto y que, por alguna fuerza fortuita, han salido a la luz. Con esta acción se interpreta un acto simbólico de protección a aquello sobre lo que se cimienta nuestra civilización.

 

Esta performance forma parte del proyecto Crecimiento urbano, en el que llevo a cabo un mapeado de las calles del distrito de Carabanchel para localizar zonas potencialmente fértiles en las que cultivar plantas en un acto de guerrilla gardening.