Ejemplares de Mujer es un libro de artista hecho con collage en el que rescato fragmentos de la liteartura donde la personalidad de la mujer adquiere protagonismo.  

Las obras elegidas abarcan desde la tragedia griega hasta la literatura contemporánea y en ellas, encontramos personajes femeninos que constantemente se encasillan en tres grandes grupos arquetípicos: la mujer angelical, la mujer bruja/revelada y la mujer fatal.

Arquetipo 1º: La mujer Angelical.

Personificación de la belleza y la pureza, un personaje obediente, pasivo y abnegado. Una idealización de la mujer desde el punto de vista masculino.

Melibea

Melibea: «Pues ¿qué crueldad sería, padre mío, muriendo él despeñado, que viviese yo penada? Su muerte convida a la mía, convídame y fuerza que sea presto, sin dilación, muéstrame que ha de ser despeñada por seguirle en todo. No digan por mí: a muertos y a idos… Y así contentarle he en la muerte, pues no tuve tiempo en la vida. ¡Oh mi amor y señor Calisto! Espérame, ya voy; detente, si me esperas; no me incuses la tardanza que hago, dando esta última cuenta a mi viejo padre, pues le debo mucho.»

La Celestina, fernando de Rojas (1449). Acto XX.

Doña Inés

No, don Juan, en poder mío

resistirte no está ya:

yo voy a ti, como va

sorbido al mar ese río.

Tu presencia me enajena,

tus palabras me alucinan,

y tus ojos me fascinan,

y tu aliento me envenena.

¡Don Juan!, ¡don Juan!,

yo lo imploro

de tu hidalga compasión

o arráncame el corazón,

o ámame, porque te adoro.”

Don Juan Tenorio, José Zorrilla (1844).

Arquetipo 2º: La mujer Revelada/Bruja.

Perversa y endemoniada; valiente, inteligente e independiente, rompe las reglas y no se deja dominar.

Medea

“Mi esposo, el peor de los hombres, me ha abandonado, cuando en él tenía cifrada mi mayor dicha; de todos los seres que sienten y conocen, nosotras las mujeres somos las más desventuradas, porque necesitamos comprar primero un esposo a costa de grandes riquezas y darle el señorío de nuestro cuerpo[…]. Verdad es que dicen que pasamos la vida en nuestro hogar libres de peligros, y que ellos pelean con la lanza; pero piensan mal, qué más quisiera yo embrazar tres veces el escudo que parir una sola.”

Medea, Eurípides, (413 a.C).

Lady Macbeth

“Venid a mí, espíritus que servís a propósitos de muerte, quitadme la ternura y llenadme de los pies a la cabeza de la más ciega crueldad. Espesadme la sangre, tapad toda entrada y acceso a la piedad para que ni pesar ni incitación al sentimiento quebranten mi fiero designio, ni intercedan entre él y su efecto. Venid a mis pechos de mujer y cambiad mi leche en hiel, espíritus del crimen, dondequiera que sirváis a la maldad en vuestra forma invisible.”

Macbeth, Shakespeare (1606).

Nora

NORA: Tengo otros deberes no menos sagrados.

HELMER: No los tienes. ¿Qué deberes son ésos?

NORA: Mis deberes conmigo misma.

HELMER: Ante todo eres esposa y madre.

NORA: Ya no creo en eso. Creo que ante todo soy un ser humano, igual que tú… o, al menos, debo intentar serlo. Sé que la mayoría de los hombres te darán la razón, y que algo así está escrito en los libros. Pero ahora no puedo conformarme con lo que dicen los hombres y con lo que está escrito en los libros. Tengo que pensar por mi cuenta en todo esto y tratar de comprenderlo.

[…]

HELMER: Nora, por ti hubiese trabajado con alegría día y noche, hubiese soportado penalidades y privaciones. Pero no hay nadie que sacrifique su honor por el ser amado.

NORA: Lo han hecho millares de mujeres.

Casa de muñecas, Henrik Ibsen (1879).

La señorita Julia

«Siento por usted la misma repugnancia que por las ratas, pero no puedo librarme… ¡Estoy como atada! Escuche… Quiero contarle un secreto. Mire, mi madre no era de familia noble, sino de una familia muy humilde. Fue educada en las doctrinas de la igualdad, la emancipación de la mujer y esas cosas, características de esos tiempos, y tenía una extraordinaria aversión al matrimonio. La intensa pasión que mi padre sentía por ella hizo que finalmente mi madre aceptase casarse con él. Cuando yo nací, ella decidió hacer de mí un ser primitivo y educarme al margen de la corruptora civilización. Mi madre me educó como si fuera un chico con la intención de que fuese el ejemplo viviente de que la mujer puede hacer lo mismo que el hombre. Tenía que vestirme como un chico, cuidar de los caballos, ir de caza… Ella me enseñó a odiar a los hombres y yo le juré que nunca sería la esclava de uno.»

La señorita Julia, August Strindberg (1888).

Tristana

«Te estoy engañando, y no debo ni quiero engañarte. La verdad se me sale a la boca, y no puedo contenerla más. No estoy casada con mi marido… digo, con mi papá… digo, con ese hombre… Un día y otro pensaba decírtelo; pero no me salía, hijo, no me salía… Ignoraba, ignoro aún, si lo sientes o te alegras, si valgo más o valgo menos a tus ojos… Soy una mujer deshonrada, pero soy libre. ¿Qué prefieres?… ¿que sea una casada infiel o una soltera que ha perdido su honor? De todas maneras creo que, al decírtelo, me lleno de oprobio… y no sé… no sé…». No pudo concluir, y rompiendo en lágrimas amargas, ocultó el rostro en el pecho de su amigo. Largo rato duró aquel espasmo de sensibilidad. Ninguno de los dos decía nada. Por fin, saltó ella con la preguntita de cajón:¿Me quieres más o me quieres menos?»

Tristana, Benito Pérez Galdós, (1892).

Adela

«Adela: Ya no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre, perseguida por los que dicen que son decentes, y me pondré delante de todos la corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado.

[…]

Bernarda: Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) Las lágrimas cuando estés sola. ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!»

La casa de Bernarda Alba, Federico García Lorca, (1936).

Arquetipo 3º: La mujer fatal.

Personaje sensual y atractivo que usa sus “armas de mujer” con inteligencia para conseguir sus objetivos.

Lilith

“Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de tí? – preguntaba – Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual”

Yalquet Reubeni, colección de comentarioa abalísticos acerca del Pentateuco. Recopilada por K.Ruben y Ben Hoshke.

Scharazada

Entonces le dijo Schahrazada: “Por Alah, padre, cásame con el rey, porque si no me mata seré la causa del rescate de las hijas de los musulmanes y podré salvarlas de entre las manos del rey.” Entonces el visir contestó: “¡Por Alah sobre ti! No te expongas nunca a tal peligro.” Pero Schahrazada repuso: “Es imprescindible que así lo haga.”

Las mil y una noches. (s.f)

Carmen

“Llevaba una falda roja muy corta que dejaba ver unas medias de seda blanca con más de un agujero y lindos zapatos de Marroquín rojo atados con cinta de color fuego. Apartaba la mantilla para dejar al descubierto los hombros y el ramo de acacia que le salía de la blusa.”

Carmen, Prosper Mérimée (1845).

Lolita

 “Era una voz musical, con dulzura de manzanas. Sus piernas se estremecieron un poco. Y allí estaba ella, reclinada contra el ángulo derecho del escritorio. Lola la colegiala, devorando su fruto inmemorial, cantando a través de su jugo, perdiendo una zapatilla, restregando el talón de su pie desnudo contra un sucio tobillo, contra la pila de revistas viejas amontonadas a mi izquierda, sobre el sofá… y cada movimiento suyo me ayudaba a ocultar y mejorar el oculto sistema de correspondencia táctil entre mi ente enfermo y la belleza de su cuerpo con hoyuelos, bajo el inocente vestido de algodón”.

Lolita, Vladimir Nabokov (1955)